Para el cristiano, la muerte física es un paso hacia la presencia de Dios y el descanso eterno.

Es natural llorar; incluso Jesús lloró ante la tumba de Lázaro. No se nos pide ser fuertes por nuestra cuenta, sino refugiarnos en Cristo.

Llamado a confiar en la soberanía de Dios y a recibir la paz que sobrepasa todo entendimiento. 2. Bosquejo de Sermón: "Dios, Nuestro Refugio y Fortaleza"